Ella siente algo de calor a pesar de estar semidesnuda recostada en el viejo sofá. Quizás por efecto de esa exótica decoración visual y olfativa del departamento-habitación que burdamente intentaba ser un ambiente afrodisíaco. Absorta en el efecto narcotizante de la nube inciensosa logró distinguir un sonido de timbre que sin embargo, fue más que suficiente para tomarla por sorpresa. Sensación que antecedió al hastío y a esa pequeña frustración que solía gestarse en su cuerpo cada vez que el aparato emitía su chirrido. Pero ella de alguna forma había aprendido a desconectar el embriague que conectaba su corazón con su rostro, el cual casi por inercia ya esbozaba en sus facciones una suave sonrisa sazonada con una mirada cargada del mas obsceno erotismo.
El nerviosismo hedía por sus poros gracias a la tarde soleada, diluyéndose para su suerte en un viento semi-tibio que lograba acariciar su rostro. Otra vez había tomado la misma decisión y al son de ese instinto que a veces parece mover al macho sus pies rápidamente caminaban entre los Art-Decó del Lastarria que adornaban el paisaje veraniego rebosante de verdes y amarillas alegrías desteñidas. El amor y el despecho circulaban como sangre por su cabeza y como puñaladas aterciopeladas que pretendían a cada momento situarse en el medio de su pecho para proponerle esa muerte que el en su conciente y en su subconsciente anhelaba. Pero la presión del Bóxer era mayor que esa tristeza. Lo suficiente para apretar ese botón blanco.
Los desdichados así estuvieron frente a frente, listos y dispuestos para un ritual que mezclaba cinismo, pasión, dolor y desesperanza. El se sentó en el sillón medianamente perturbado y caliente, como queriendo mirar al horizonte gracias al desagradable efecto del incienso, del que solo fue rescatado por el susurro caribeño que tan perdido como el, pedía su recompensa.
La obra comienza. Ambos cierran los ojos y simulan hacer el amor. Ella intenta por un momento sentir, pensando infructuosamente que la unión de las carnes aplacaría su angustia. El infructuosamente también intenta imaginar su rostro después de las buenas noches, pero solo consigue sentirse asqueroso y poco a poco termina actuando como un perro en celo. Es una escena perfecta. Los recuerdos se mezclan con los gemidos mientras la saliva y el sudor repleto de tóxicos fragantes se mezclan con las lágrimas que ella silenciosamente intenta cubrir con su mentiroso y estridente gemido que llena toda la habitación. El placer se respira en el aire y el olor a sexo empaña los vidrios justo antes de la eyaculación, la señal que ambos esperaban para desparramarse en el colchón entre el arrepentimiento y la satisfacción. Entre la mentira que significa mirarse a los ojos por tercera vez en cuarenta y cinco minutos y permaneciendo en silencio ambos al percatarse que aparte de estar unidos por sus sexos, estaban unidos por el dolor.
Ya no había nada más que decir.
El necesitaba amor, ella necesitaba dinero.
El complemento perfecto cuando hay necesidad de por medio.
Cuando hay una boca que alimentar y una verga que domar.
sábado, 18 de julio de 2009
Pasión a la Venta
Publicado por Illgresi en 0:19
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