martes, 23 de agosto de 2011

Vértice.

Una de las virtudes del presente es ser un vértice entre el antes y el después. El arriba y abajo. Es el punto que con cartesiana comodidad establezco como central en mi plano de análisis, como para de alguna forma mirar todo lo que he forjado y lo que tengo. Lo que he dejado de ser, y lo que he querido ser y como todo eso influye en lo que soy ahora, en lo que quiero, en lo que pienso.

Y creo que soy feliz teniendo 22 años. Esos 22 años que me han ido cambiando, aunque no tanto como yo pensaba, pero si me han hecho lo suficientemente distinto como para darme cuenta como me he ido volviendo mas humano. En un buen y en un mal sentido. En saber como hoy siento que puedo obviar el pudor y controlar mi descontrol, hasta el punto de encontrarlo algo maleable, útil, necesario. Sobre todo Necesario. En saber también que es primordial agarrar el timón y saber donde ir. Donde sea, pero ir a algún punto, nunca olvidando beber de todos los pasados propios y paralelos, aunque a veces también no puedo evitar cometer el error de creer que ya estoy lo suficientemente hidratado mientras no dejo de sudar.

Ahora puedo decir que soy mas humano por que me siento mucho mas libre que antes. Por que siento que puedo decir cosas que antes no decía libremente, sin miedo de que me odien o me puteen. Por que ahora creo que es necesario simplemente caminar, por que en vez de pensar tanto, hay que caminar sin especular, sin demasiados cuestionamientos ni prejuicios. Por que ahora se lo que quiero, y se que cualquier cosa que quiera no tiene que ser forzosa e innecesariamente compleja. Tiene que ser transparente, fácil de explicar, que no es lo mismo que simplona. Es muy distinta la claridad a la simpleza extrema. Es muy distinta la profundidad a la complejidad.

Ahora siento que es maravilloso ser joven, y que estoy viviendo un momento privilegiado. Un momento en donde soy casi verdaderamente dueño de mi mismo, de mi destino. Un momento en donde respiro libertad, en cada centímetro cúbico de aire, a pesar de que paradójicamente sea preso de mi necesidad de libertad de vez en cuando. De hecho sé que quizás es hora de transarla en pos del compañerismo que mis hermanos no pueden darme y del que de repente me siento desvalido. O quizás no. En el fondo, es probable que un cariz de la libertad sólo implique para su ejercicio considerar sabiamente las posibilidades de un Nihilista en tu misma posición.